nov
8
Publicado por:
ignacio
08/11/2009 12:28
JA!!! ¡¡¡POR FIN!!! Ya tocaba no pinchar en poniente, era mi bestia negra y lo hice sin guía de nadie durante el vuelo.
Estaba yo pululando y hechando una mano por la concentración, mientras veía parapentes en la zona de levante. Había dos grupos, uno había remontado un poco por encima de la sierra y el otro se había subido a los cúmulos que había encima. Había que agudizar la vista para verlos.
A medida que avanzaba el día empezaron a subir gente a poniente y el cielo de poniente se empezó a llenar también como en una competición. Daban ganas de salir corriendo al despegue. Más de una vez los compañeros del club me animaron a subir al despegue, pero era mediodía y como no tengo muchos vuelos tras acabar los cursos, preferí esperar a más tarde. Finalmente subí con un grupo con Jesús como conductor. Había bastante ambiente en el despegue de poniente, yo solo veía parapentes por todas partes; desplegados, volando...conocidos que se reencontraban...En fin, una maravilla. Saqué mi equipo y me puse a preparar, mientras a Jesús lo abordaba una pareja de Guiris de mediana edad preguntando por cursos. Evidentemente, Jesús sacó su mejor sonrisa y les habló de nuestra escuela. Yo le hechaba una mano de vez en cuando a Jesús con el inglés mientras preparaba. Cuando me dí cuenta, el espacio se empezaba a reducir por que todo el mundo preparaba. Yo en los ñultimos momentos, compruebo las bandas, tomo los frenos..., cojo las A's, me giro...y ¡¡¡sorpresa!!! ¡¡Ahí estaba mi buen amigo Paco el Largo!! Acercándose a saludar y aconsejarme en el despegue. Cuánto me relajó su presencia entre tantas caras desconocidas. ¡¡GRACIAS PACO!! A una señal suya, levanté la vela, comprobé que todo estaba bien, me giré y salí.
Como siempre que salía en poniente me separaba demasiado, y no giraba hasta el cortado que hay, perdía la ascendencia y pinchaba. De modo que esta vez tras dejar un margen de seguridad prudencial, giré a mi derecha mucho antes poniéndome en cola de otro parapente. Para mi sorpresa, enseguida empecé a subir sin hacer nada. No era una térmica, ¡¡¡era la ascendencia de la ladera!!. Al legar al borde, comprobé que no venia nadie por mi iauqierda y giré 180º a mi izquierda para seguir en la ascendencia...sube que te sube....¡¡¡¡SIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!! Al poco ya formaba parte de la característica danza de parapentes que hacían ladera para ganar altura, mientras otro grupo estaba en la base de las nubes. Por el otro extremo de la ladera giré un poco antes de la pegueña vaguada, no fuera que pillase turbulencia. Siiiigue subiendo....La gente del despegue empequeñecía. Algunas personas se dirigían al mirador. Cada vez volaba más alto, de modo que empecé a plantearme acercarme al borde mismo de la sierra para ganar más ascendencia y así fue. Volaba una decena de metros por encima de una manga de viento que hay en la sierra. Qué belleza de paisajes. No cabía en mí mismo de la enorme satisfacción. Del grupo que hacíamos ladera, era el que estaba más alto. Me hubiera gustado subir a las nubes, pero eso quedará para otro día cuando sepa más. Yo ya me llevaba un magnífico pastel. Incluso ví una de las velas de los acróbatas muy por debajo mío intentando mantenerse.
Cuando la ladera dejó de rendir, me fui con mucha altura hacia el aterrizaje. Me daba igual pillar algo o no por el camino, yo había triumfado. Primero me dirigí al aterrizaje alternativo para asegurar, deleitándome antes con las vistas de la sierra. Llegué muy alto y sin problemas. Ví que alguno se lanzaba al valle, pero no quise arriesgar y me puse a ver si enganchaba algo. Efectivamente, encontré una burbujita que me puse a girar un par de vueltas sin mucho éxito y la dejé para no perder demasiada altura enfilando el campo oficial. Había un gran gentío y unos dos o tres parapentes por debajo mío dirigiéndose a la aproximación, de modo que yo les dí tiempo para que aterrizaran. Luego me dirígí al campo de atrás para empezar la aproximación y me encontré con uno debajo, así que me alejé un poco para que éste aproximara tranquilo. Luego recuperé el terreno y empecé mis ochos. Tuve que hacer varios por que iba realmente alto. Finalmente, entré entre los dos árboles que había en los extremos del panel hinchable. y me levanté de la silla. Me puse un poco intranquilo al ver a gente por el aterrizaje, pero por suerte, mi zona de impacto estaba más allá. Y sí, toqué el suelo mientras para mi sopresa Johan me estaba filmando. Si mal no recuerdo, no me había iconrporado bien y me frené con los mandos y las piernas sin poder evitar caer de lado. Me levanté si nproblemas y frené la vela que había tocado el suelo con un estabilo. Sentí una gran vergüenza al aterrizar de esa manera y más siendo filmado. Un buen aterrizaje filmado hubiera sido la guinda. Recogí en coliflor y despejé enseguida el campo de aterrizaje.
Por un instante, dudé entre guardar el equipo en colipack y volver a subir o plegar definitivamente. Sin embargo, una mirada a poniente y el recuerdo de que la ladera ya no rendía me decidiron por la última opción. Desgraciadamente al plegar, para mi fortuna, ví un pequeño corte en el intradós y un destrenzado en el dorde de ataque que seguramente fueron el precio de que el estabilo tocara el suelo al aterrizar. Tendría que hacer reparar mi amada vela azul.
Me esforcé en rememorar el magnífico vuelazo que me había pegado.